D. Fructuoso Martínez
Rojo, nacido en Boñar en 1827 y miembro de una
dinastía de boticarios, fue el fundador de la
farmacia de Sabero . Abrió el establecimiento en
Sabero entre los años 1857 y 1859, y a la vez
procedió a la compra de una finca del barrio del
Rebedul, en la que cultivó un jardín botánico o
huerta de plantas medicinales para su
utilización en la farmacia. La ubicación de la
farmacia dentro del complejo minero siderúrgico
supuso un avance importante del concepto minero
siderúrgico supuso un avance importante del
concepto de atención social a la clase obrera,
ya que las nuevas formas de producción
comportaban frecuentes accidentes y lesiones
laborales, tanto fracturas y heridas contusas,
como problemas graves de intoxicaciones y
afectaciones pulmonares. El boticario aplicaba
sus tratamientos curativos a partir de
medicamentos preparados en la misma botica, y
que hasta la primera mitad del siglo pasado, se
podían presentar en tres grandes grupos: las
drogas naturales (quina), los llamados
medicamentos polifármacos (Triaca Magna),
preparados todos ellos por el mismo
farmacéutico, y los primeros medicamentos
manufacturados, conocidos como especialidades
farmacéuticas y entre los que se encontraba la
popular sal de Selz. Los servicios de la
farmacia vinculados desde un primer momento a la
instalación de la Ferrería, se han mantenido
ininterrumpidamente hasta nuestros días. A
partir de 1930 su actividad de atención pública
se amplió con la inauguración del Hospital
Izaguirre.
